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Todo lo que deberías saber sobre Malismo

Supe de la existencia de Mauro Entrialgo en algún momento a finales de la segunda mitad de la década de 1990. Uno de esos veranos de pueblo, conocí a la vez las letras de Manolo Kabezabolo y las viñetas de Herminio Bolaextra.

Treinta años más tarde he leído “Malismo”, que llevaba esperándome en la estantería desde aquella tarde en la que me acompañó a casa a la vuelta de la feria del libro. Una lectura muy seria que no puedo dejar de recomendar. En ella Mauro Entrialgo nos presenta el concepto de malismo y ejemplifica cómo se ha ido apoderando de nuestra sociedad. En el libro tienes todo lo que deberías saber sobre el malismo que te envuelve sin darte cuenta.

Malismo es la ostentación del mal como propaganda. Utilizar la maldad para conseguir un beneficio social, electoral o comercial. Una estrategia en la que se presume de acciones o deseos tradicionalmente reprobables para diferenciarse, captar la atención y conseguir la aprobación del conjunto de la sociedad.

Mauro propone, como inicio del malismo en España, junio de 2012:

“Mariano Rajoy anuncia en el Congreso el recorte a las prestaciones de desempleo más duro de la historia de la democracia. La diputada por Castellón Andrea Fabra lanza en ese instante —dos años antes de que su padre Carlos Fabra ingrese en la cárcel— su famoso grito: «¡Que se jodan!»”

A lo largo del libro ilustra su evolución y mutación a formas como “que te vote Txapote” o “me gusta la fruta”, como ejemplos de comunicación política malista. Pero también al “Cállate, Charo” que, como respuesta, se a generalizado en redes sociales a cualquier comentario emitido por una mujer.

A lo largo de 16 capítulos analiza el fenómeno malista en distintos ámbitos. La política juega un papel destacado, con los ejemplos de la escena nacional e internacional: desde políticas de vivienda que dejan a los más desfavorecidos sin un techo a los genocidios ejecutados sin pudor.

También aborda la comunicación corporativa en un capítulo dedicado a “vender servicios y productos sin dejar de insultar a tu posible clientela” y otro a “troles, bots, influencers andorranos y agencias de reputación”. Ilustra cómo hemos pasado del misticismo a la conspiranoia, cómo se han generalizado los linchamientos mediáticos y contenidos virales poco edificantes. Y sí, el primer párrafo de esta entrada venía a cuento de ese apartado dedicado al “malismo y subculturas juveniles: Del jipi al punk y del punk al fascista que se cree punk”.

Como no podría ser de otra manera, me ha llegado especialmente el apartado dedicado a “La Agenda 2030: Un montón de buenos propósitos que suscitan odio”. La define como:

“una plétora de buenos deseos que se pueden calificar de utópicos, sobre todo si tenemos en cuenta que, tal y como apunta su propio nombre, la intención es lograrlos en el año 2030, que está a la vuelta de la esquina. Todos ellos son aspiraciones tan de mínimos y han sido redactados buscando un consenso internacional tan amplio que rozan lo naíf: el fin de la pobreza, hambre cero, educación de calidad, agua limpia, igualdad de género, trabajo decente…”

Después de presentar ese conjunto de buenos propósitos explica, de una manera muy elocuente, cómo hemos llegado a la situación en la que:

“el emblema de los objetivos de buena voluntad de la Agenda 2030 resulta tan perturbador que muchas personas, al observarlo, sienten la necesidad de amedrentar a quien lo exhibe y mostrar su oposición pública a lo que representa” porque “es difícil pensar que algún ser humano que no padezca un trastorno antisocial de la personalidad pueda oponerse con saña a la integridad de este concepto benévolo”.

Muy interesante también el repaso a la decadencia de las religiones del amor y el auge de las carismáticas, en lo que llamaCristianismo malista. Analiza las implicaciones políticas de la expansión de las sectas de la “teología de la prosperidad” y los mecanismos de estafa piramidal que las hacen tan poderosas:

“Los pastores exigen que sus fieles demuestren la fortaleza de su fe donando las mayores cantidades de dinero que sean capaces de reunir. Si no entregan mucho es que no confían en el Espíritu Santo. Y si no confían en el Espíritu Santo, no será posible que reciban el dinero que pretenden que les llegue mágicamente”

De aquí a la “timosfera tatuada” hay un pequeño paso:

la estructura piramidal de su negocio es una clara reformulación de una secta carismática en la que, en una vuelta de tuerca, solo se ha sustituido a Dios por la figura del propio cabecilla y se han aplicado ligeros cambios cosméticos. La enunciación repetida de consignas taumatúrgicas que abastecen de una jerga específica a los iniciados es similar. Solo que, en vez de «aleluya, hermano», «hossana en el cielo» o «eres hijo de Dios», se utilizan las expresiones «ganando, bro», «vibra alto» o «fucking bestia». En los cultos neopentecostales, los ajenos a la doctrina o incluso los prosélitos imperfectos son estigmatizados como «pecadores»; aquí son «mileuristas», «plebeyos», «panzas» o «fucking pobres». La cansina exhortación a orar es, en este caso, a realizar burpees. Pero la exhibición jactanciosa de la riqueza del líder, la búsqueda de fieles entre personas que estén atravesando malos momentos existenciales, el desprecio por los necesitados por achacarles su suerte o la promesa de un cambio de vida y altos beneficios económicos solo para aquellos que confíen ciegamente en el credo son exactos a los mecanismos neopentecostales

No es todo religión y política. Mauro repasa cómo el malismo se ha ido apoderando de nuestra cultura, con ejemplos icónicos de personajes, series, películas… con los que ilustra cómo, actualmente, la exhibición de una personalidad negativa genera credibilidad en el público. Llama la atención sobre cómo hemos llegado a tolerar que ciertos personajes puedan jactarse, tanquilamente, de abusar sexualmente de menores de edad, de urdir triquiñuelas para saltarse una ley o de amenazar a jueces de otro país a través de un embuste.

El epílogo del libro, consecuente con el planteamiento del libro, me deja un poco triste. No porque tuviese especial simpatía por aquel personaje que descubrí -siendo ya un ambientólogo en ciernes- en una viñeta de un tipo sacando la basura «por fax», sino por lo que implica en términos de degeneración la convivencia en nuestra sociedad y del deterioro en la percepción de lo que es aceptable.

Nada más, te animo a que lo leas y participes en la reflexión que propone el autor, nos va mucho en ello. Personalmente estoy en la idea de que es “mejor ser cándido con buenas intenciones que un mierdas”.

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