Quizá la primera vez que ví un pie atravesado por un hierro oxidado era demasiado pronto. En el pueblo, buscando una pelota con Pedrito en el rastrojo de detrás del frontón. Un desafortunado accidente adolescente que me llevó a saber apreciar, años después, la importancia de una buena suela para evitar sustos. Recuerdo con más […]
Categorías
Sin botas no hay diversión.
